Mousse de chocolate con hojitas de menta
Lourdes no sabía cuál era la razón ni en qué momento se había instalado el tedio en su relación de pareja. Casi sin darse cuenta, la desbordante pasión de los primeros meses, fue dejando paso a un elemento nuevo y extraño, un amigo invisible que convivía con ellos y se había ido haciendo un hueco en sus vidas. Su matrimonio se había convertido en una regla de tres: Lourdes, Antonio y el aburrimiento.
 
 

En sus vidas todo era monótono, los días iban transcurriendo de la misma forma que caían las hojas del calendario… por inercia. Ambos tenían unas largas jornadas laborales y cuando llegaban a casa preparaban juntos algo de cena, y comentaban las mejores jugadas del día, donde lo más emocionante eran los zapatos nuevos de una marca carísima que llevaba Carlota, la secretaria de dirección, (seguro que se acostaba con su jefe) y Antonio le decía a su mujer lo inútil que era su compañero y cómo era posible que Gómez, siendo mucho más tonto que él, tenía mayor sueldo y estaba mejor considerado.

Tras la cena ligera, veían un poco de televisión, alguna serie en Netflix con la que ambos se quedaban dormidos en el sofá, hasta que el codazo de uno despertaba al otro y le decía «cariño, vámonos a la cama»
 
Así transcurría cada día de la semana. Los sábados Antonio se iba al fútbol con los amigos y Lourdes quedaba para ir al cine con las suyas. Al regresar de sus actividades individuales, que estaban convencidos que era lo más sano para mantener su matrimonio, que cada uno tuviera su espacio… echaban un polvo. Siempre de la misma forma, siempre en la misma postura y, mientras aguantaba los envites de Antonio, Lourdes miraba al techo y pensaba en qué iba a hacer de comida el domingo.
 
Lourdes sentía la necesidad de explorar la vibrante relación entre sexualidad y comida para salir del aburrimiento mortal que tenía con su marido, aunque sólo fuera en el aspecto sexual. Decidió probar suerte.
 
Colocó agua a hervir, añadiendo dos cucharadas de menta y dejó reposar la infusión para beberla antes de la cena. Era sábado y les tocaba su polvo semanal. Como le parecía poco una simple infusión, decidió preparar también un postre afrodisíaco. El postre afrodisíaco por excelencia y una invitación formal al amor: mousse de chocolate:
 
Para lo cual dispuso:
  • 170 gramos de chocolate amargo
  • 3 cucharadas de café
  • 2 huevos, yemas y claras batidas por separado
  • media taza de crema espesa
  • azúcar
  • 3 cucharadas de licor de naranja
  • unas gotas de vainilla.
 
«Disuelva a fuego suave el chocolate en el café, agregue las yemas y cocine durante dos minutos. Retire, deje enfriar y agregue las claras, la crema, la vainilla y el licor.»
 
Después puso a helar las copas, llenó su contenido y decoró el delicioso postre con unas hojitas de menta que le habían sobrado de la infusión.
 
Preparó la mesa con esmero, dispuesta a darlo todo y vivir una noche de pasión o al menos, diferente, con su marido.
 
Se arregló, se pintó los labios e incluso se puso unas gotitas de perfume, ese que le habían regalado y que no había llegado a estrenar.
 
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A eso de las 10,30, esperaba sentada a la mesa. De pronto sonó su móvil, era Antonio, se oía de fondo un ruido infernal, una algarabía de gente  y entre gritos le dijo: Cariño no me esperes a cenar… ¿me oyes cariño?… ¡hemos ganado!, ¡hemos ganado 5-0!. ¿No escuchas los gritos? Me voy con mis amigos a celebrarlo, con esta victoria pasamos a la final… ¡No me esperes despierta! Lo vamos a celebrar por todo lo alto.
 
Sólo se escuchó el clic del teléfono al colgar.
 
Lourdes no dijo a su marido ni una palabra. Cogió la mousse de chocolate junto con su matrimonio y lo tiró todo a la basura

El Origen del Relato

La profesora del taller de escritura creativa, Gloria Fuentetaja, nos propone hacer un relato que contenga una receta, tipo conjuro, para resolver algún conflicto. Este es mi relato