Gracias, Papá

El timbre suena una y otra vez. Yo, sin moverme de la cama, pretendo ignorarlo. Lo intuyo como parte de una sueño del que no quiero despertar. Hasta que los timbrazos se convierten en golpes de nudillos sobre la madera, mezclados con gritos que no entiendo.

¿Quién aporrea la puerta de esa forma? La rabia gana a la pereza y en pocas zancadas alcanzo la puerta. Al abrirla, mi padre me contempla en silencio. Trae los ojos inundados de cansancio y una sombra de parsimonia le acompaña. El funeral, lo había olvidado. Anoche estuve viendo películas hasta muy tarde. Cuando me engancho con Wilder no sé parar. No recuerdo cuando me venció el sueño, si al final de Testigo de Cargo o al comienzo de Perdición. Por más que pienso no me viene la cara de Barbara Stanwyck a la memoria, pero sí la de Marlene Dietrich. Supongo que la botella de Johnny Walker ayudó lo suyo. No tengo tiempo ni ganas para excusas. Me visto en un momento, espérame aquí. No tardo.
Embutido en mi traje lleno de arrugas, agarro a mi padre del brazo y salimos. El frío de la mañana me trae una punzada de terror. Quería evitar la realidad a toda costa, no tenía fuerzas para afrontarla. El funeral comenzaba en media hora y le había jurado a mi padre que no faltaría. Es curioso, si unos días antes me hubieran dicho que iba a hacerle caso en algo, me habría partido de la risa. Y, mira por donde, aquí estamos los dos cogidos del brazo, siguiendo al pie de la letra su deseo.
 
No me gustan los funerales, me irrita la costumbre de agasajar y alabar al finado pese a que éste haya sido un hijo de puta. Falsedad elevada al cuadrado en cualquier caso, pero era parte del juego y yo había prometido a mi padre jugar.
 
La iglesia estaba abarrotada, no esperaba menos. Fuera en la puerta fumaba Carlos Villalba acompañado por Elvira, su socia, su amante. Tantos años juntos escondiéndose por las esquinas, y ahora que todo el mundo sabía su secreto, descubrieron que era tarde para amarse. El juego del misterio era el único que mantenía la llama de la pasión. Ahora solo quedaba hielo y dos familias rotas.
Arturo Blanch, Jorge Sempere, Alejo García, ¿amigos de toda la vida? Eso es lo que tú te crees, cínicos que te han reído las gracias cuando convenía y siempre a cambio de algo. Han venido a rendirte pleitesía. Ahí está Lucía, tu secretaria. Tantos años paño de lágrimas, garante de tus secretos. No supiste ver el amor que te profesaba. Mil noches llorando en silencio, y ahora aflora esa amargura incubada donde tú no supiste llegar.
No te detengas en el pasillo, busquemos un hueco. A ti siempre te ha gustado que la gente se pare a saludarte, siempre has sido una de esas personas ávidas de reconocimiento. Típico en quien no da amor ni lo recibe. ¿Te suena? Yo odio esa impostura, pero a ti qué mas te da, si nunca te has parado a pensar lo que me importaba o no. Ya te has encargado tú de imaginarlo. 
 
Mira mamá, ¿nos acercamos? No, seguro que no quieres. Hay que tener valentía para ello, y tú siempre has sido un cobarde. Hace falta agallas para mirarla a los ojos y decirle PERDONA. Tranquilo que no te voy a hacer pasar por ese trance. Tampoco creo que ella quiera verte. Ahí hay un hueco para nosotros, no te sueltes del brazo y déjate guiar por mi, al menos hoy. No te vuelvas que todos nos miran y sabes que no me gusta. Hazme caso, aunque solo sea por esta vez.
Escucha, es la Suite nº 1 de Bach. Ni siquiera esto te emociona. ¿Sabías que el violonchelo es el instrumento que más me gusta? ¡Qué vas a saber! Si ni siquiera me has preguntado. ¿Recuerdas cuando hemos mantenido tú y yo una conversación de cualquier tipo? Exacto. Nunca.
 
Juré que eso no me pasaría con mis hijos, todos los días les digo que les quiero. ¿ Cuándo me lo dijiste tú? Ahora ya es tarde. Míralos, allí están, sentados en aquella fila, llorando por un vacío que solo el tiempo y los recuerdos llenarán. Yo me he encargado de apilar día a día los sentimientos que me unen a ellos, no como tú, egoísta hasta el final, siempre pensando en ti. 
 
Llueve con rabia, cogemos el coche. Date prisa que no llegamos. No me pongas nervioso. Nos la vamos a dar…
Y ahora aquí estamos tú y yo, unidos para siempre, condenados a arder en el infierno. Gracias, papá…
 
 
El origen del relato.
La profesora nos propone hacer un relato sobre un funeral